LOS PUEBLOS GERMÁNICOS EN LA PENÍNSULA IBÉRICA (IV)

 EL COMPLEJO SIGLO VII: CRISIS Y TRANSFORMACIÓN

El desafío militar y la resistencia aristocrática

El mayor problema de los reyes era movilizar fuerzas militares. Aunque el monarca tenía potestad para convocar levas, la nobleza a menudo ignoraba el llamado, debilitando la autoridad real y comprometiendo el control territorial, la recaudación fiscal y el mantenimiento de fronteras.

Ante esto, los reyes buscaron contraestrategias: siguiendo modelos europeos, otorgaron tierras y títulos a una nobleza de rango inferior a cambio de fidelidad. Si bien esto fortaleció puntualmente al rey, creó nuevas rivalidades internas. La lealtad acabó basándose en un sistema piramidal de vínculos personales y protección directa hacia la autoridad más cercana, más que en el juramento formal al monarca.

Sociedad y "Pre-feudalismo"

Aunque no era una sociedad feudal plena, surgieron elementos precursores:

  • Adscripción a la tierra: Muchos libertos, pese a ser jurídicamente libres, no podían abandonar las tierras que trabajaban.

  • Legislación: El Liber Iudiciorum incluía normas para impedir el desplazamiento campesino. Historiadores como Valdeón Baruque señalan que la diferencia entre un siervo (servus) y un esclavo era mínima en la práctica.

  • Propiedad: La nobleza consolidó su poder como grandes terratenientes asegurando el acceso a la mano de obra mediante privilegios reales.

Los Concilios y la Monarquía como "Oficio"

El siglo VII estuvo marcado por monarcas efímeros (Witterico, Gundemaro, Sisebuto) depuestos por conspiraciones. Los Concilios de Toledo pasaron de ser foros eclesiásticos a asambleas políticas con presencia de la nobleza.

Un cambio conceptual clave ocurrió en el IV Concilio de Toledo (633), bajo Sisenando:

  • El Rey como Ministro: Se introdujo el concepto de oficio (officium). La realeza ya no era un poder absoluto o divino, sino un rol de servicio al pueblo como "ministro de Dios". El rey quedaba subordinado a principios superiores.

El Poder de las Aristocracias

  • Aristocracia Eclesiástica: Los obispos eran grandes señores territoriales con poder político y, a veces, militar. Su influencia fue tal que, durante la conquista musulmana, colaboraron con los invasores en el sistema impositivo a cambio de mantener el cobro de la décima parte de los ingresos.

  • Clientelas Militares: La nobleza basaba su fuerza en sus clientelas, destacando los buccellarii, soldados profesionales que recibían tierras y estipendios a cambio de fidelidad. El monarca intentaba que la lealtad de estas tropas se extendiera a él a través del noble, sentando las bases del vasallaje feudal.

Economía y Administración del Estado

Los monarcas intentaron fortalecer el Estado acumulando un patrimonio económico (tierras fiscales) mediante confiscaciones a nobles rebeldes. Se produjo una patrimonialización donde se difuminaron los límites entre bienes del Estado y bienes privados del rey.

  • Hacienda: Se mantuvo un sistema fiscal heredado de Roma, aunque era caótico y dependía de la gestión de los obispos. Se promovió el tremís (moneda de oro) para mejorar la eficiencia.

  • Administración Central: La corte albergaba oficiales como el Comes Pesaunorum (gestión económica), mientras que en la local destacaban los duces con funciones judiciales y de gobierno.

Reformas del Ejército

Dada la ineficacia de la leva general, la legislación estableció que la responsabilidad de combatir recaía en la nobleza más cercana al conflicto. Se impusieron sanciones severas para los nobles remisos: confiscación de bienes, exilio o pena de muerte. El rey dependía totalmente de la lealtad de estos nobles, quienes a menudo evitaban acudir si el conflicto era una disputa interna entre facciones.

El Reinado de Chindasvinto (642-653): El "Martillo de los Godos"

Antiguo duque conocedor de las redes nobiliarias, Chindasvinto llegó al trono mediante un levantamiento contra Tulga y aplicó una política de sumisión absoluta de la nobleza:

  • La Purga: Ejecutó a unos 700 nobles y exilió a otros tantos, confiscando sus bienes para engrosar el tesoro real.

  • VII Concilio de Toledo: Sancionó su autoridad suprema y reforzó el carácter teocrático del rey como "vicario de Dios". Equiparó la amenaza de la nobleza laica con la eclesiástica e intervino en la Iglesia nombrando cargos afines.

  • Sucesión: Logró asociar al trono a su hijo Recesvinto, obligando a la nobleza a jurarle fidelidad en vida.

Recesvinto y el "Liber Iudiciorum"

Recesvinto heredó un reino estabilizado pero enfrentó la presión de la nobleza, que exigía la devolución de los bienes confiscados por su padre.

  • VIII Concilio de Toledo: La nobleza forzó al rey a negociar. Recesvinto no pudo imponer su voluntad y tuvo que ceder en acuerdos individuales con las facciones, evidenciando que el monarca dependía del consenso aristocrático.

  • Hito Jurídico (654): Promulgó el Liber Iudiciorum (o Código de Recesvinto). Recopilaba toda la tradición legal anterior (Eurico, leyes peninsulares) y se convirtió en el pilar del derecho hispano. Su legado perduró siglos a través del Fuero Juzgo en los reinos medievales cristianos.

    EL FINAL DEL ESTADO VISIGODO

    Sin embargo, en la etapa final del reino visigodo, hacia finales del siglo VII, la monarquía siguió enfrentando rebeliones de la nobleza y nuevos intentos de fortalecer el poder real. Monarcas como Wamba impulsaron reformas, como la última modificación de la ley militar, que obligaba a la aristocracia a acudir en auxilio del rey. Esta medida evidenciaba que el problema del control nobiliario persistía y que la autoridad monárquica seguía siendo frágil.

    La sucesión de monarcas que se alternaban en el poder dejó en claro que el fortalecimiento del Estado era solo un espejismo. La nobleza continuaba manteniendo una gran influencia, lo que debilita la cohesión interna del reino. 

    Lejos de presentar una resistencia unificada, el reino visigodo se encontraba dividido. La nobleza, en lugar de defender el Estado, comenzó a buscar soluciones individuales, negociando pactos con los nuevos invasores para mantener su control sobre los territorios. La llegada del islam no solo representó una invasión externa, sino que también sacó a la luz la descomposición política interna y la falta de un poder centralizado capaz de organizar una defensa efectiva.

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