LOS PUEBLOS GERMÁNICOS EN LA PENÍNSULA IBÉRICA (II)
CONQUISTA Y UNIFICACIÓN VISIGODA
EL VACÍO DE PODER Y EL ASCENSO SUEVO
La Península del siglo V es un escenario de inestabilidad donde las élites locales pierden la fe en Roma.
La salida de los Vándalos (429): Genserico traslada a su pueblo al norte de África para controlar el comercio mediterráneo y las rutas del oro. Esto deja un vacío en el sur.
Hegemonía Sueva: Bajo Requila y Requiario, los suevos ocupan el vacío vándalo, estableciéndose en Mérida e Híspalis (Sevilla) y aliándose con las élites locales.
Resistencias locales: Surgen los asentamientos en altura (defensivos) y revueltas campesinas en la Tarraconense contra la servidumbre romana.
LOS VISIGODOS: DE FEDERADOS A SOBERANOS
Los visigodos actúan inicialmente como el "brazo armado" de Roma para restaurar el orden.
Batalla del Órbigo (456): Teodorico II derrota a los suevos. Aunque el reino suevo no desaparece, queda debilitado y relegado al noroeste, iniciando un "periodo oscuro" de integración silenciosa con las élites locales.
El fin del Reino de Tolosa (507): Tras la Batalla de Vouillé, los francos expulsan a los visigodos de la Galia.
Protectorado Ostrogodo: Teodorico el Grande (rey ostrogodo) interviene para evitar que los francos tomen Hispania. Durante años, los visigodos estarán bajo tutela ostrogoda hasta recuperar su independencia política.
CONSOLIDACIÓN POLÍTICA Y TERRITORIAL
A partir del siglo VI, el centro de gravedad se desplaza definitivamente a Hispania.
Toledo, la nueva capital: Elegida por Atanagildo debido a su ubicación central estratégica y para alejarse de focos de poder independientes como Mérida o Córdoba.
Intervención Bizantina: El emperador Justiniano aprovecha las luchas internas visigodas para conquistar el sureste peninsular (Spania), estableciendo su capital en Cartago Nova (Cartagena).
Unificación final: Líderes como Leovigildo y Recaredo sentarán las bases de un estado unificado, sometiendo a los suevos definitivamente y limitando la expansión bizantina.
ESTRUCTURA SOCIAL Y DE PODER
El sistema visigodo se diferencia del modelo franco (hereditario) por su inestabilidad interna.
Monarquía Electiva: La nobleza impide la herencia del trono para mantener su influencia, lo que provoca constantes guerras civiles y regicidios.
Clientelismo Militar: El poder es personalista. Los nobles (patronos) ofrecen tierras y cargos a sus seguidores (clientes) a cambio de fidelidad armada. Al no haber un ejército estatal permanente, el rey depende de estas redes privadas.
El papel de la Iglesia: Los obispos asumen funciones políticas y administrativas en las ciudades, actuando como mediadores entre el mundo germánico y la población hispanorromana.
Fusión de élites: La distinción entre "romano" y "germano" se desdibuja mediante pactos matrimoniales y de propiedad, creando una nueva aristocracia unificada.
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